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28.05

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

20.03.2017 Columnista

Hacer por el país

Hacer por el país

Cuando una economía entra en crisis es lógico que la calidad de vida de sus habitantes disminuya por la reducción de su poder adquisitivo. Esto paso  en el 2016 fruto de algunos ajustes que decidió implementar el gobierno de Macri.

A pesar de ello, la economía no logra salir a flote y generar un crecimiento sostenido. Es que subsisten muchos de los problemas que arrastramos por décadas  y que están irresueltos.

Venimos de años de postergar definiciones, asignar recursos en forma ineficiente, privilegiar el gasto público en detrimento de las actividades productivas y la equidad social.

El ajuste se hace necesario pero no para todos, solo para aquellos que detentan situaciones que podríamos considerar de privilegio teniendo en cuenta la situación social en su conjunto
Pero cuando alguien propone cambiar ciertas condiciones  de algunos sectores, se visualiza una férrea resistencia. Nadie quiere ceder de su parte, parece que todos estamos dispuestos a negociar nuestros derechos a partir de lo logrado, no menos.

Sueldos de algunos gremios muy  por encima de la media salarial, largas vacaciones para el poder judicial, empresarios con rentabilidades muy superiores a lo normal en algunos sectores y otros  enfocados  a la especulación antes que a la inversión productiva , jubilados que cobran mucho más que sus colegas por el simple hecho de pertenecer a distinta jurisdicción, grupos familiares que cobran sueldos altos del Estado, etc. Son algunos de las situaciones ventajosas  que se han generado para algunos en nuestro país y sobre las que nadie esta dispuesto a renunciar.

Mientras tanto, por otro lado vemos los empleados que trabajan en negro, los autónomos sin cobertura social ni previsional,  jubilados nacionales que cobran la mínima, desocupados, quienes reciben subsidios del Estado que no alcanza para sus elementales necesidades, etc . 

Esta desigualdad social es necesario que sea disminuida y para ello quienes más reciben deben ceder algo de su parte para que puedan mejorar sus ingresos los más postergados.

Está bien que una sociedad luche por los derechos de sus habitantes, pero no debemos olvidarnos que estos son contrapartida de obligaciones. Sin este equilibrio el contrato social no funciona.
Para lograr este objetivo el Estado debe intervenir con políticas acertadas  y generando un esquema económico que tienda a esa mayor equidad y justicia.

El problema de este país no es la falta de recursos, sino la mala distribución de los mismos. 

A todos nos gusta hablar de la “ justicia social” pero nadie quiere perder su espacio aunque eso signifique un privilegio en función de la situación de otros sectores. Mientras tanto seguimos en un país de fantasía, disfrutando a cuenta de futuras crisis y reclamando que el ajuste no nos toque a nosotros.

 No vamos a salir solo enarbolando derechos, vamos a encontrar una salida cuando los argentinos estemos dispuestos a decir “ qué puedo hacer por mi país”, y eso por ahora, no se escucha.

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