Covid-19 con cara de mujer

Los impactos sociales y económicos derivados de la pandemia son evidentes. Lo que no es tan conocido es el efecto diferencial de la crisis sobre la vida y la economía de las mujeres y sus negocios. La emergencia por COVID-19 amplificó las desigualdades estructurales de género preexistentes, impactando a las mujeres como trabajadoras y también como empresarias.

Una primera dimensión de dicha desigualdad es la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado que se vio profundizada en contexto de aislamiento. Ante el cierre de las escuelas, la suspensión de los servicios domésticos y otras redes de soporte, las mujeres asumieron mayoritariamente las tareas al interior de los hogares, exponiéndose a altos niveles de stress y restringiendo su tiempo disponible para el trabajo remunerado. Como empleadas, las mujeres fueron las primeras en salir del mercado laboral para ocuparse de tareas domésticas o de cuidado. Como empresarias, el 70% de ellas debió dedicar menos horas a su negocio durante la pandemia, según revela un estudio de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Otra dimensión de la desigualdad se refiere a las condiciones en que las mujeres participan del mercado de trabajo: tienen ingresos menores, ahorros más escasos y trabajos más informales e inestables. Por ello, la capacidad de ellas para absorber los efectos económicos de la crisis es menor que la de los varones.

Si analizamos la situación de las mujeres como emprendedoras, se observa que sus negocios son más pequeños (los más impactados por la emergencia) y están sobre-representados en los sectores de la economía más afectados por la crisis, tales como el comercio y el turismo. Según estudios de la CEPAL, el 70% de las emprendedoras de la región son micro-emprendedoras y hay 23% más mujeres que varones emprendiendo en el sector del “comercio”. Además, los negocios de mujeres tienen menos acceso al crédito. Según ARCAP, el 91% de los préstamos a emprendimientos en Argentina se destina a empresas lideradas por varones. En Latinoamérica la situación no es muy distinta: solo un 5% de los emprendimientos de alto crecimiento liderados por mujeres reciben financiación para su capital inicial, contra un 16% de emprendimientos de varones según un estudio de EY & MIF. La brecha digital de género es otro de los aspectos que afecta de forma diferencial las posibilidades de las mujeres emprendedoras de sostener sus actividades económicas. Comparativamente con los varones, ellas tienen menos acceso a herramientas tecnológicas, lo cual las posiciona en inferioridad de condiciones para enfrentar una reconstrucción pos COVID-19 que requerirá digitalizar los negocios.

Finalmente, las mujeres han sido afectadas por lo que se denominó “La Otra Pandemia”, es decir, el aumento de la violencia de género ocurrido en contexto de aislamiento. Los llamados a la línea #144 aumentaron más de un 40%, poniendo de manifiesto una problemática que impacta severamente la integridad física, psicológica y también económica de ellas.

Para aliviar el desigual impacto de la crisis en las condiciones de vida y en los negocios de las mujeres, algunas empresas argentinas comprometidas con la igualdad de género implementaron una serie de acciones. Algunas han desarrollado campañas de comunicación para visibilizar la problemática de la violencia o acercar información a mujeres en situación de violencia. Otras han implementado acciones internas de sensibilización para promover la corresponsabilidad en los cuidados entre su personal.

 Ciertas organizaciones direccionaron créditos a emprendedoras, trabajando en conjunto con ONGs con foco en género, y otras brindaron apoyo financiero y operativo a emprendimientos de mujeres en situación de vulnerabilidad, tanto en su cadena de valor como en las comunidades donde operan.

Sabemos que trabajar para el empoderamiento de las mujeres no solo las beneficia individualmente, sino también a sus familias y a sus comunidades. Son quienes dedican más en educación, alimentación y salud. Por ello, invertir en ellas es un modo efectivo de reducir la pobreza, potenciar la recuperación económica y construir una “nueva normalidad” superadora de la anterior.

Cra. VANESA VIDAL
Consultora ONU mujeres

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