La pandemia también mata a las encuestas

La pandemia también mata a las encuestas

 De fase 5 a fase 1, casi sin escalas. Córdoba vive sus horas más críticas en materia sanitaria por no haber tomado medidas intermedias en las últimas semanas tras un vertiginoso aumento de casos. Lo decían todos los médicos, infectólogos, terapitas, el sentido común. La pandemia no tiene piedad con quien la desafía.

 El Gobierno de Juan Schiaretti, junto a los 427 intendentes de la provincia, retaron al coronavirus y terminaron en la lona. Solo las medidas de bioseguridad, el aislamiento social y ahora las vacunas dan pelea y derrotan esta pandemia. El resto es patear para adelante un problema que, más temprano que tarde o más tarde que temprano, termina explotando en la mano. A excepción del sector comercial y la gastronomía (solo al aire libre, a días del inicio formal del invierno), el resto de las actividades bajan cuatro escalones en las fases. 

  Las autoridades aseguran que estos conceptos ya quedaron en desuso. Tal vez sí. Pero son bien gráficos para explicar por qué de un día para otro no se pueden realizar actividades que hasta hoy estaban permitidas. El sistema sanitario cordobés, en general, pedía restricciones inmediatas. El Gobierno provincial se desmarcó de la estrategia nacional y quiso sostener su impronta “cordobesista” cuando la realidad lo desbordaba por todos lados. De norte a sur y de este a oeste el sistema sanitario mostraba signos de agotamiento en el recurso humano y en la cantidad de camas. 

 Córdoba eligió no aplicar restricciones en momentos que el AMBA explotaba de casos. Aquí, igualmente, ya se veían signos evidentes de incremento en la positividad. La experiencia de 2020 nos permitió entender que el problema nació en Buenos Aires (tanto en la primera como en la segunda ola) y luego se extendió hacia el interior. Primero Santa Fe, luego Córdoba. Tanto el gobernador Omar Perotti como el gobernador Schiaretti se resistieron a tomar medidas que hubieran restringido la circulación de personas (como la suspensión de clases presenciales) y ahora actividades que sufrieron el cierre total durante el año pasado tienen que bajar sus puertas otra vez, al menos 14 días.

 Schiaretti sostuvo que “Córdoba no politiza la pandemia ni entra en polémica”, una frase que suena bien al oído de cualquier desprevenido pero que en la práctica opera en el sentido contrario. Es una definición netamente política. Que apunta contra los críticos del manejo de la pandemia en la provincia. Y, además, con la estrategia de desmarcarse de las decisiones nacionales, por su eterno enfrentamiento con el kirchnerismo, el gobernador prefirió hacer política con las acciones, sin hablar demasiado. 

  Hoy muchos cordobeses que en sus empleos cumplieron los protocolos y cuidaron su salud y la de los demás, tendrán que parar por dos semanas. El viejo refrán de pagan “justos por pecadores” es una verdad irrefutable, y no solo por irresponsables que organizaron fiestas clandestinas o desoyeron los consejos sanitarios. No siempre hay que mirar hacia afuera y señalar responsables, sino además hacer autocrítica y admitir que medidas tomadas con anterioridad hubieran evitado este nuevo cierre y también miles de contagios. Hasta las encuestas pierden ante la ferocidad del virus. 

  Los comercios esenciales y no esenciales podrán abrir hasta las 19, los bares y restoranes atenderán en espacios abiertos. Centros comerciales, salones de fiestas, cines, teatros, bingos, casinos, peluquerías, salones de bellezas, gimnasios, natatorios y clubes deberán apretar el “Stop” por dos semanas. Con un sistema sanitario al borde del colapso, si se quieren evitar las imágenes de pacientes muertos en los pasillos de clínicas y hospitales como sucedió en otros países, no hay otra posibilidad que aplicar restricciones duras. 

 Ahora, ¿para qué llegar a una situación límite, para qué tensionar al máximo el sistema sanitario, para qué desoír las recomendaciones médicas? Córdoba lo pudo haber impedido, aunque prefirió politizar la pandemia hasta último momento. Por más que el gobernador diga lo contrario. Hoy no queda otra alternativa que cumplir las disposiciones, la salud ante todo. Ojalá sea la última vez. Las vacunas llegan de a miles y es la esperanza de terminar con esta maldita pandemia. 

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