Carlos Pellegrini fue un político de raza. Precursor de las ideas industrialistas en Argentina. Tuvo que hacerse cargo del país por ser vicepresidente de Juárez Celman, en el marco de una terrible crisis política y económica. Y la afrontó con decisión. De ahí quedó su apodo, “el piloto de tormentas”.
Un personaje inteligente, astuto, criterioso. Hablaba perfectamente el inglés y el francés. Amante de los caballos. Abogado y periodista. Siempre estuvo un poco a la sombra de Roca, hasta que se distanciaron. Brillante orador, fue además cofundador de la Unión Industrial.
Siempre afirmaba que tenía tres pilares fundamentales: la industria, el progreso y los valores cívicos. Fundador, además, del Jockey Club, no sólo por su afición a los caballos de carrera, sino también por un centro cultural y social. Masón, también, llegando a tener altísimos títulos dentro de la masonería. Ministro de Guerra de Avellaneda y luego, vicepresidente.
Al renunciar Juárez Celman asumió la presidencia en 1890. Políticamente era un conservador, con matices liberales. Con la mirada puesta en Europa, pero con la idea de tener una industria nacional, sostenía que la agricultura y la ganadería eran pilares fundamentales, pero para alcanzar la cumbre del desarrollo era necesario instaurar la industria fabril. En su gobierno se terminó el puerto de Buenos Aires.
Como se destacaba en su oratoria, hay muchas anécdotas que refieren a esa cualidad. Una de ellas cuenta que, en una oportunidad, siendo Pellegrini diputado, durante un debate, un parlamentario opositor le dijo a otro: “si usted no me entiende, le pediría al diputado Pellegrini que se lo aclare como él sólo sabe hacerlo”. De igual modo, es muy recordada su frase, ante la crisis del año 90: “hay que hacer lo que hace el agricultor cuando pierde su cosecha: aguantar. Se aprieta la barriga y se economiza todo lo que se pueda”.
Otra frase de sus preferidas -las cuento porque ilustran mejor que cualquier cosa su pensamiento- decía que “el país debía fabricar algo más que pasto”. Un personaje muy interesante de nuestra historia, que como suele suceder con los importantes, está aún hoy un poco en un segundo plano, como escondido. Cuando enfermó viajó a París para tratarse, lo cual era muy habitual en esa la época, para los que podían, obviamente.
Y antes de morir, víctima de una grave enfermedad, denunció enfáticamente el fraude que persistía en cada elección. El mismo fraude que de joven él mismo había avalado, pero que ya le resultaba intolerable. Por eso, algunos señalan que cambió un poco tarde. Es más, en sus últimos días empezó a mirar mucho más las cuestiones del pueblo, afirmando que, si bien el artículo primero de la Constitución Nacional adopta la forma de gobierno representativa, republicana y federal, nuestra República Argentina no era ninguna de esas tres cosas.
Dejo pendiente para otra oportunidad su pelea con Roca, motivada nada menos que por la presentación de un proyecto de unificación de la deuda externa pública. La ruptura fue tanto política como personal, aunque los roces venían de antes. Y también su encuentro con el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, cuando volvió convencido que Estados Unidos estaba destinado a ser un gran imperio, y que Roosevelt le había dicho que Argentina sería el Estados Unidos del Sur. Pero esas son otras historias...
RAÚL COSTA
AUTOR DE LOS LIBROS “PEQUEÑAS HISTORIAS, GRANDES PERSONAJES” Y “A FUEGO Y SANGRE”. COAUTOR DEL PODCAST “SIETE MINUTOS DE HISTORIA”.
Con mirada económica
Carlos Pellegrini fue un político de raza. Precursor de las ideas industrialistas en Argentina. Tuvo que hacerse cargo del país por ser vicepresidente de Juárez Celman, en el marco de una terrible crisis política y económica. Y la afrontó con decisión. De ahí quedó su apodo, “el piloto de tormentas”.
Un personaje inteligente, astuto, criterioso. Hablaba perfectamente el inglés y el francés. Amante de los caballos. Abogado y periodista. Siempre estuvo un poco a la sombra de Roca, hasta que se distanciaron. Brillante orador, fue además cofundador de la Unión Industrial.
Siempre afirmaba que tenía tres pilares fundamentales: la industria, el progreso y los valores cívicos. Fundador, además, del Jockey Club, no sólo por su afición a los caballos de carrera, sino también por un centro cultural y social. Masón, también, llegando a tener altísimos títulos dentro de la masonería. Ministro de Guerra de Avellaneda y luego, vicepresidente.
Al renunciar Juárez Celman asumió la presidencia en 1890. Políticamente era un conservador, con matices liberales. Con la mirada puesta en Europa, pero con la idea de tener una industria nacional, sostenía que la agricultura y la ganadería eran pilares fundamentales, pero para alcanzar la cumbre del desarrollo era necesario instaurar la industria fabril. En su gobierno se terminó el puerto de Buenos Aires.
Como se destacaba en su oratoria, hay muchas anécdotas que refieren a esa cualidad. Una de ellas cuenta que, en una oportunidad, siendo Pellegrini diputado, durante un debate, un parlamentario opositor le dijo a otro: “si usted no me entiende, le pediría al diputado Pellegrini que se lo aclare como él sólo sabe hacerlo”. De igual modo, es muy recordada su frase, ante la crisis del año 90: “hay que hacer lo que hace el agricultor cuando pierde su cosecha: aguantar. Se aprieta la barriga y se economiza todo lo que se pueda”.
Otra frase de sus preferidas -las cuento porque ilustran mejor que cualquier cosa su pensamiento- decía que “el país debía fabricar algo más que pasto”. Un personaje muy interesante de nuestra historia, que como suele suceder con los importantes, está aún hoy un poco en un segundo plano, como escondido. Cuando enfermó viajó a París para tratarse, lo cual era muy habitual en esa la época, para los que podían, obviamente.
Y antes de morir, víctima de una grave enfermedad, denunció enfáticamente el fraude que persistía en cada elección. El mismo fraude que de joven él mismo había avalado, pero que ya le resultaba intolerable. Por eso, algunos señalan que cambió un poco tarde. Es más, en sus últimos días empezó a mirar mucho más las cuestiones del pueblo, afirmando que, si bien el artículo primero de la Constitución Nacional adopta la forma de gobierno representativa, republicana y federal, nuestra República Argentina no era ninguna de esas tres cosas.
Dejo pendiente para otra oportunidad su pelea con Roca, motivada nada menos que por la presentación de un proyecto de unificación de la deuda externa pública. La ruptura fue tanto política como personal, aunque los roces venían de antes. Y también su encuentro con el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, cuando volvió convencido que Estados Unidos estaba destinado a ser un gran imperio, y que Roosevelt le había dicho que Argentina sería el Estados Unidos del Sur. Pero esas son otras historias...
RAÚL COSTA
AUTOR DE LOS LIBROS “PEQUEÑAS HISTORIAS, GRANDES PERSONAJES” Y “A FUEGO Y SANGRE”. COAUTOR DEL PODCAST “SIETE MINUTOS DE HISTORIA”.
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