Tres generaciones en Interlagos
Hay experiencias que se viven una vez en la vida. Y para mí, una de ellas fue viajar a São Paulo para asistir al Gran Premio de Interlagos junto a mi papá y mi abuelo. Tres generaciones compartiendo un fin de semana completo de Fórmula 1, algo que jamás había imaginado y que, sin dudas, se convirtió en un recuerdo que voy a llevar siempre conmigo.
El viaje empezó en Villa María, desde donde organizamos todo. Nos contactamos directamente con Angelo, de Ramway Viajes, y desde el primer mensaje nos dio una tranquilidad total. Él gestionó los vuelos, el paquete con entradas, traslados y hotel, e incluso se ocupó de entregarnos los vouchers y ayudarnos con los check-in tanto de ida como de vuelta. También resolvió algunos pedidos especiales que hicimos respecto del hotel, y todo fue cumplido sin ningún inconveniente. Fue un detalle que valoré muchísimo, porque la sensación de que “solo hay que ir a disfrutar” cambia completamente el viaje.
Viajar los tres solos, por primera vez, ya tenía un valor enorme. Pero además, era nuestro debut viendo la F1 en vivo. Y eso le sumó una emoción muy particular. Sabíamos que iba a ser un fin de semana especial, pero creo que ninguno esperaba que fuera tan intenso.
Llegar a Interlagos es entrar a un ambiente que vibra distinto. Brasil tiene una energía particular durante el Gran Premio: la gente está de muy buen humor, todo el mundo se contagia de ese entusiasmo y la predisposición general es increíble. El circuito en sí mismo impresiona por donde se lo mire. La magnitud, el sonido de los autos, la inmensidad de las tribunas y la cantidad de gente… todo se siente a lo grande. La organización es admirable; mover semejante número de espectadores sin caos es casi un espectáculo en sí mismo.
Nosotros estábamos en el sector G, una ubicación privilegiada porque permitía ver gran parte del circuito. Además, teníamos a mano todas las atracciones: simuladores, pantallas gigantes, escenarios y actividades interactivas. Vale muchísimo la pena llegar temprano, porque no se trata solo de ver la carrera; el GP entero es una experiencia.
Pero si tengo que elegir un momento que quedará grabado para siempre, es la largada del domingo. Después de esperar un buen rato, ver por la pantalla cómo se encienden las luces, escuchar el rugido inicial y, en menos de diez segundos, ver aparecer a todos los autos juntos peleando posición… es algo que te eriza la piel. Estar ahí, compartiendo ese instante con mi papá y mi abuelo, rodeados del carisma del público brasileño, fue realmente especial. A eso se le sumó la emoción de ver a un argentino en pista, y ya sabemos cómo somos: la euforia se contagia, se amplifica y hace todo todavía más lindo.
Creo que estos viajes tienen un valor que va más allá del deporte. Para mí significó conectar con mi familia desde otro lugar, compartir algo que a los tres nos apasiona y vivirlo sin distracciones, sin apuros y completamente presentes.
A quienes estén pensando en vivir su primer Gran Premio, mi consejo es simple: háganlo. Vale cada esfuerzo. Y, si pueden, háganlo con una agencia que realmente se ocupe de todo, porque eso permite disfrutar la experiencia al 100%. En nuestro caso, se encargaron hasta de recordarnos llevar capa de lluvia -un detalle no menor, porque suele llover justo los días clave-. Son cosas pequeñas, pero hacen una diferencia enorme cuando uno está en un evento tan masivo.
Si les gusta el automovilismo, el ambiente del circuito, el sonido de los motores y la emoción de la competencia, ver una carrera en vivo es incomparable. Interlagos tiene una energía única, mezcla de pasión, caos ordenado y tradición. Pero, sobre todo, es un lugar donde los recuerdos se construyen de a momentos. Y yo tuve la suerte de vivirlos junto a dos personas que marcaron gran parte de mi historia.
Me llevo una experiencia inolvidable.
Por Tomás Álvarez