Lección que otros entendieron
Las noticias sobre la apertura no dan tregua, primero fue la discusión sobre industria textil, luego el cierre de Fate, las declaraciones del CEO de Neumen diciendo “estábamos robando con los precios” y finalmente el levantamiento de las medidas sobre el Aluminio. Pero además se superó la grieta en un tema clave: se aprobó el acuerdo Mercosur-UE, casi sin oposición.
Pero hay una noticia que llamó la atención, es la migración de trabajadores de Nueva Zelanda a Australia, por cierta crisis en ese país y mejores salarios.
Chile y Australia cambiaron de modelo productivo durante el presente siglo, mientras que Argentina y Nueva Zelanda se mantuvieron exportando la misma canasta de alimentos y materias primas.
Al comparar la variación del PBI per cápita desde el año 2000 al 2024, el de Argentina aumentó un 20.2%, mientras que el de Chile lo hizo un 72.2% y Australia un 33.7%.
El ALCA se dio solo que sin Mercosur y Venezuela. Esa apertura no solamente significó más exportaciones para cada uno de los países firmantes sino también una modificación en la canasta exportadora. Australia y Chile se sumaron a acuerdos con EE.UU y China en épocas similares.
Chile se abrió y siguió siendo intensivo en recursos (cobre y minería como núcleo), consolidó reglas de juego pro-exportación y armó acceso preferencial que empujó inversión, escala y estabilidad exportadora. Dinamizó sus trámites aduaneros, simplificó puertos y disminuyó costos. Ganó mercados donde Argentina competía con arándanos o cerezas, donde ahora ellos dominan.
Australia también es un caso de “commodity powerhouse” (minería y agro), y el gran diferencial fueron su economía e instituciones más estables. Hace 25 años exportaba carbón, oro, trigo y autos. Hoy hierro, petróleo y oro son sus tres principales productos.
Japón era su principal mercado a comienzos del siglo, hoy lo es China.
El mundo creció mucho en estos últimos 25 años y el comercio global también. Pero no todos los países vieron sus exportaciones aumentar de la misma manera. Chile las aumentó en un 370% contra 430% de Australia y sólo 200% de Argentina. ¿Qué es eso?Menos dólares, menos producción, menos empleo y más problemas.
El nivel de desempleo es similar entre Argentina y Chile (6.6% a 7%), mientras que en Australia es de 4.1%, más que envidiable.
Australia mantiene pleno empleo relativo durante casi todo el período. Abrirse o cambiar de estructura productiva no modificó su nivel de empleo.
Chile logra una tasa baja y estable en el largo plazo. Lo que sí cambia: la tasa de empleo de Australia 64%, Chile 58% y Argentina 45.4%.
La brecha es enorme: Chile y Australia incorporan mucha más gente al mercado laboral. Ese crecimiento exportador sí se tradujo en más empleo en ambos países.
Australia vs. Nueva Zelanda: ¿Podemos aprender de sus diferencias?
Australia es una economía mayor y exporta relativamente mucho más que Nueva Zelanda.
Nueva Zelanda depende mucho más de pocos sectores. Australia siguió exportando alimentos, pero proporcionalmente su canasta se volvía más de minerales y energía; y al turismo le agregó servicios educativos.
La minería en Australia generó mucho empleo indirecto, en cambio el agro neozelandés se fue tecnificando y necesitó menos mano de obra.
Mayor empleo son más salarios, hay un consumo interno fuerte, necesidad de mano de obra, que hace que incluso neozelandeses se crucen para trabajar en Australia.
Australia tiene más sectores “dinámicos” capaces de absorber mano de obra cuando otros caen. No es que Australia “haga todo bien” y Nueva Zelanda “todo mal”.
¿Qué enseñanzas podemos ver para Argentina?
Argentina se parece más a Nueva Zelanda en concentración agroexportadora, pero tiene potencial estructural tipo Australia. No abandonar el agro, sino agregar más energía (Vaca Muerta), más minería (litio, cobre), Economía del conocimiento y servicios exportables.
Australia no dejó de exportar alimentos, pero cambió el peso relativo.
Argentina necesita sectores de mano de obra intensivos. Es bueno ver el caso de los neozelandeses dónde alquiler e impuestos le quitan parte del ingreso real, entonces la demanda interna se debilita. Además, nosotros le agregamos la inflación e impuestos distorsivos. Nueva Zelanda muestra cómo una mala relación salario-vivienda debilita el consumo.
Argentina necesita: Ser más Australia en diversificación, evitar ser Nueva Zelanda en concentración sectorial, mantener y potenciar el agro con menos retenciones, y agregar minería, energía, servicios, generar sectores dinámicos capaces de absorber shocks. Tal vez el papel de la exportación de servicios en la economía del conocimiento debiera ser el factor para inclinar la balanza.
El tema de la ropa
Toda una discusión. Los industriales textiles se quejan de la apertura y los clientes de la ropa cara que pagamos desde hace 20 años.
Analizando los números del mercado de la ropa, Argentina con una elevada protección (tuvo uno de los aranceles más altos del mundo) no exporta ropa. Australia, Chile y Nueva Zelanda exportan 454, 105 y 28 millones en ropa, mientras que nuestro país vende al mundo solo 22 millones de dólares. O sea, con proteccionismo no se logró competitividad, solo se pudo vender dentro de las fronteras. Los otros países pueden importar desde China con cero arancel y sin embargo, crearon una industria más competitiva que la nuestra, teniendo la competencia asiática tan cerca.
Otro caso paradigmático es el de Brasil. Los brasileños, a los que solemos destacar porque tienen una industria textil fuerte, solo exportan ropa a Uruguay, Paraguay y Argentina, socios del Mercosur o Chile, donde entra con cero arancel. Entonces, no pueden competir fuera de sus socios comerciales, quienes entran libremente. Tampoco pudo hacer una industria competitiva en un sector global dominado por China. A pesar de tener un arancel alto que los ayudaba a un mercado interno sin competencia, es una industria que no generó músculo, no exportó. En este caso, el Mercosur se convirtió en un zoológico ampliado.
Argentina no necesita elegir entre industria o apertura, sino entre estancamiento o transformación. La evidencia comparada es clara: los países que se integraron inteligentemente al mundo no dejaron de producir, sino que produjeron mejor, diversificaron más y generaron más empleo. La protección sin competitividad solo construye mercados cautivos, no empresas fuertes. La discusión no es si abrimos o cerramos, sino cómo construimos sectores capaces de competir globalmente, absorber mano de obra y generar dólares genuinos. Ser más Australia no significa abandonar lo que somos, sino potenciarlo con estabilidad, reglas claras y una estrategia exportadora de largo plazo. El mundo no nos espera.
GUSTAVO SCARPETTA
Experto en comercio internacional
Docente universitario
cien@gustavoscarpetta.com