El turismo como objetivo
Pablo Martín Carrizo es un villamariense de 26 años amante del turismo, la aventura y un ejemplo de que los sueños se pueden cumplir si se tiene la determinación de perseguirlos. A los 21 años, después de la pandemia, decidió dejar atrás su vida en Argentina y buscar aventuras en el extranjero.
Su primer destino fue México, el único país que estaba permitido ingresar en ese momento. Allí permaneció nueve meses trabajando en hotelería y turismo, lo que le permitió ganar experiencia y conocer gente nueva. Luego, se fue a España y finalmente llegó a Andorra, un coprincipado ubicado en el sur de Francia y norte de España, en la frontera de ambos países en la cadena montañosa de los Pirineos.
"Hace cuatro años que vivo aquí", cuenta Pablo. "Decidí quedarme en Andorra porque es un país que permite a los extranjeros trabajar sin tener que cumplimentar con tanta burocracia. Podés permanecer solo teniendo un puesto de trabajo y sin antecedentes penales. Además, por la cultura e idioma se asemeja más a la Argentina".
Pablo trabaja como supervisor en el bar de un hotel 5 estrellas en el pueblo de Soldeu, ubicado en la montaña a 1800 metros de altura. "Es un trabajo desafiante, pero me encanta", dice. "La gente es muy amable y el entorno es impresionante".
La pandemia fue un punto de quiebre en su vida. "Trabajaba en turismo para egresados y jubilados en la Argentina. Con la pandemia me di cuenta de que no se iba a reactivar y mi sueño de seguir ejerciendo en este sector cada vez era más lejano. Entré en crisis al no poder ejercer, al no haber estudiado y tomé la decisión de irme a probar algo nuevo. Esta situación personal hizo que me diera cuenta que quería vivir mi sueño de trabajar en el extranjero y conocer nuevas culturas".
Sacó un vuelo con un pasaje de vuelta a los tres meses, pero al llegar a México se fueron generando situaciones y oportunidades.
Fue conociendo gente, amigos, cultura, idiomas y siguió su sueño, hasta el día de hoy.
A pesar de vivir lejos del país, se siente cerca. "Mi país es mi gente, el mate, mi forma de ser", dice. "Lo llevo conmigo siempre.
Extraño mucho a mi familia, pero he conocido comunidades argentinas en Andorra que me han permitido estar cerca del ser argentino".
Andorra es un país con una cultura antigua y cerrada, pero con una economía estable y fuerte. La principal actividad es el turismo, con 10 millones de visitantes al año, con las mejores pistas de esquí en invierno y trekking en el verano. "Es un país hermoso en medio de la montaña", describe Pablo. "La gente es muy amable y respetuosa. No hay pobreza ni indigencia, y la seguridad es impresionante, puede haber dos o tres robos al año".
Se rige por las leyes políticas del primer ministro de Francia. No es parte de la economía europea, pero está en su territorio lo que la hace fuerte, con una inflación baja, y con la moneda que es el euro.
Destaca que los argentinos son bienvenidos en Andorra. "Nos reciben de una forma muy amable". "No nos dejan que invadamos su cultura, pero nos abren los brazos. Las diferencias con Argentina son muchas, cultura, comida, que, aunque hay variedad no es igual”.
Es un país con 100 mil habitantes de los cuales 16 mil son nativos, el resto son extranjeros. Todos los puestos de trabajo se relacionan al turismo y los salarios están regidos por las leyes migratorias del salario mínimo. Un empleo básico de bachero cobra un mínimo que le permite vivir bien, salir, comprar, viajar y ahorrar.
Sobre sus proyectos a futuro, Pablo con un grupo de amigos comenzó a desarrollar un emprendimiento propio denominado Manti, y que actualmente está trabajando en llevar contingentes a Sudáfrica, a conocer Ciudad del Cabo y hacer safaris. "Ya hicimos dos viajes y fue un éxito", cuenta. "Quiero retomar el sueño del turismo y compartir experiencias y vivencias con otros".