La ansiedad digital ya afecta al 60% de la juventud iberoamericana
Un nuevo informe regional advierte sobre los riesgos que enfrentan niñas, niños y adolescentes por el uso excesivo de redes sociales.
La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) presentaron el estudio entre la vulnerabilidad y la oportunidad: salud mental juvenil en entornos digitales, el primer análisis regional sistemático sobre el impacto de la digitalización en la salud mental y el bienestar psicosocial de las personas jóvenes de los 22 países de la Comunidad Iberoamericana.
El informe destaca que más de 16 millones de adolescentes iberoamericanos viven con algún trastorno mental, y exige a los gobiernos una acción urgente que integre salud, educación y políticas digitales bajo un enfoque de derechos.
Más de 16 millones de adolescentes en Iberoamérica el 15% de la población adolescenten padecen algún trastorno mental, según datos de UNICEF y SEGIB. A su vez, uno de cada cinco jóvenes presenta un trastorno vinculado al uso intensivo de redes sociales, mientras que el 60% reporta síntomas de ansiedad digital.

La región iberoamericana se ubica entre las primeras del mundo en uso de redes sociales: los jóvenes pasan una media de 3 horas y 32 minutos diarios conectados, superando ampliamente a Norteamérica y Europa, según Global Web Index. Este nivel de exposición, especialmente entre adolescentes, tiene efectos directos sobre la salud mental.
Una investigación internacional con 28.000 personas, citada por Sapiens Labs, muestra que el 42% de los niños y el 74% de las niñas que recibieron su primer dispositivo antes de los seis años desarrollaron problemas de salud mental. Entre adolescentes de 15 a 18 años, la prevalencia es del 36% en varones y del 46% en mujeres.
Oportunidades y desafíos de la tecnología
El informe señala que la tecnología puede ser también parte de la solución. Las plataformas digitales son canales clave para la comunicación y la alerta temprana sobre salud mental. La digitalización permite fortalecer comunidades de apoyo y diseñar intervenciones efectivas a escala. La clave está en crear entornos digitales seguros y en formar a la infancia en derechos y competencias digitales.