¿Para quién estamos produciendo carne?
“El futuro de la producción agropecuaria no se juega únicamente dentro del campo. También se define en los cambios demográficos, en los hábitos de consumo, en las nuevas demandas de los consumidores y hasta en la relación de las personas con sus mascotas”, señala un informe de TodoAgro, el sitio especializado en agro y que esta semana organiza la segunda edición de la MECA26.
Ese fue uno de los principales conceptos que dejó Gustavo Schuenemann, científico e investigador argentino con experiencia de trabajo en más de 20 países, durante su presentación “Forrajes de calidad, soluciones para los rodeos de leche”, en el marco del 2° Congreso Argentino de Forrajes que se realiza en Córdoba.
Schuenemann puso sobre la mesa una serie de transformaciones que obligan a repensar los sistemas productivos. Y lo hizo con un dato particularmente llamativo: en Estados Unidos, el 35% de la proteína animal producida (vacas, cerdos, aves, peces) no es consumida por personas, sino por perros y gatos.
El dato adquiere mayor dimensión cuando se observa la evolución demográfica. Según explicó, el año pasado nacieron en Estados Unidos unos 3,7 millones de bebés, mientras que se incorporaron 12,6 millones de nuevas mascotas. Es decir, aproximadamente cuatro mascotas por cada nuevo nacimiento.
“Ustedes van a tener que producir proteína, pero no necesariamente va a ser para las personas”, planteó el especialista ante una sala colmada de asistentes, al advertir que la demanda futura de alimentos estará atravesada por cambios que hoy ya pueden observarse en los principales mercados.
Para Schuenemann, uno de los grandes desafíos consiste en comprender quién es el consumidor actual y qué espera de los alimentos.
El modelo tradicional de una familia compuesta por dos adultos y varios hijos está cambiando. “Hoy el consumidor nuestro está representado así: por dos adultos, 1,3 hijos y dos mascotas”, señaló. Ese cambio no es anecdótico. Modifica las necesidades de alimentación, las prioridades de las familias y, en consecuencia, las oportunidades para las cadenas productivas.
A la vez, existe una creciente preocupación por la calidad de los alimentos, la proteína y la salud. “Todo el mundo quiere vivir 30 años más”, resumió Schuenemann, en referencia a una tendencia que genera nuevas exigencias sobre los sistemas de producción.