Durante años, exportar a Estados Unidos pareció un objetivo reservado para pocas empresas. Un destino lejano, complejo y con normas estrictas. Sin embargo, el contexto actual muestra una realidad distinta: para muchas compañías argentinas, el mercado estadounidense nunca estuvo tan cerca.
El país norteamericano sigue siendo la economía más grande del mundo, un mercado de consumidores exigentes pero curiosos, y un escenario donde los nichos valen millones.
El mercado estadounidense está consumiendo más alimentos, más tecnología y más productos culturales que nunca. La comunidad latina -y particularmente la argentina- crece y demanda marcas que reconecten con su identidad. Y la reciente firma del Convenio Marco sobre Comercio e Inversión Recíprocos entre Argentina y EE.UU. abre una ventana política, comercial y regulatoria.
Un mercado en expansión y una oferta argentina con potencial
EE.UU. tiene más de 330 millones de habitantes y un nivel de consumo que no se detiene. Lo interesante no es solo su tamaño, sino la amplitud de nichos: desde alimentos saludables hasta productos gourmet, desde tecnología aplicada hasta servicios digitales altamente especializados.
En ese escenario, Argentina cuenta con dos grandes fortalezas. Por un lado, una industria alimentaria madura, reconocida por su calidad y con productos que despiertan interés en el segmento premium estadounidense. Por el otro, un ecosistema de economía del conocimiento que crece incluso en contextos de crisis.
A esto se suma un factor que suele pasarse por alto: la comunidad latina, y dentro de ella la argentina, que crece año a año y que demanda productos culturales y alimenticios que remiten al país de origen. Desde yerba mate hasta alfajores, el consumo nostálgico se transformó en un puente comercial.
La ecuación se completa con un beneficio macroeconómico evidente: cada empresa que logra exportar al mercado estadounidense incorpora dólares genuinos a la economía argentina y reduce su dependencia del mercado interno.
A partir de experiencias propias, aprendizajes en terreno y casos acompañados, hay verdades que se repiten una y otra vez: 1. Conocer el mercado es el 50% del éxito.
Si querés abrir mercado, necesitás entender a tus competidores mejor de lo que te entendés a vos mismo: productos, precios, packaging, certificaciones, gastos promocionales, presencia en góndola.
2. El mercado es gigante… por eso hay que achicarlo.
No se exporta “a Estados Unidos”. Se exporta a un segmento, a un estado, a una comunidad, a un tipo de consumidor.
3. La propuesta de valor tiene que ser contundente.
En este mercado gana el que ofrece algo que se entienda en 5 segundos: ¿Qué tiene tu producto que no tenga otro? ¿Por qué debería elegirte un distribuidor? ¿Por qué un consumidor latino, argentino o estadounidense debería pagarte más?
4. Todos quieren entrar. Y eso cambia el juego.
Tus competidores no son solo locales; son globales. Es un mercado donde cada nicho ya está ocupado por alguien que lo quiere defender.
5. Entrar es mucho más fácil que mantenerse.
Estados Unidos es un país que da oportunidades, pero no segundas oportunidades.
6. El comprador mira rotación, no margen.
Este es un error gravísimo y muy común. Creemos que importa cuánto gana el distribuidor, pero su indicador sagrado es la velocidad de venta.
7. Viajar sin agenda es “hacer turismo comercial”.
En Norteamérica nadie improvisa reuniones. Si vas a buscar contactos, tenés que construir la agenda antes, no después.
8. Importancia de la capacidad productiva. En EE.UU. las oportunidades aparecen rápido… pero si no podés cumplir, se cierran más rápido todavía.
Es mejor llegar un mes más tarde que llegar sin estar listo.
El nuevo contexto político abre puertas, pero la estrategia sigue siendo la llave. El objetivo es claro: facilitar el comercio, profundizar la inversión, dar previsibilidad y eliminar barreras.
Un mejor contexto no reemplaza una buena estrategia.
Las empresas que hoy quieran aprovechar este momento necesitan tres cosas esenciales: investigación real, preparación técnica y construcción de presencia constante.
Estados Unidos premia la consistencia, la planificación y la claridad. Pero para las empresas que sepan leer este momento, la oportunidad es extraordinaria. Hoy, el mundo está comprando. Estados Unidos está abierto.
Por Lic. María Carolina Daniel, Consultora PIVOT
Por qué mirar a los Estados Unidos
Durante años, exportar a Estados Unidos pareció un objetivo reservado para pocas empresas. Un destino lejano, complejo y con normas estrictas. Sin embargo, el contexto actual muestra una realidad distinta: para muchas compañías argentinas, el mercado estadounidense nunca estuvo tan cerca.
El país norteamericano sigue siendo la economía más grande del mundo, un mercado de consumidores exigentes pero curiosos, y un escenario donde los nichos valen millones.
El mercado estadounidense está consumiendo más alimentos, más tecnología y más productos culturales que nunca. La comunidad latina -y particularmente la argentina- crece y demanda marcas que reconecten con su identidad. Y la reciente firma del Convenio Marco sobre Comercio e Inversión Recíprocos entre Argentina y EE.UU. abre una ventana política, comercial y regulatoria.
Un mercado en expansión y una oferta argentina con potencial
EE.UU. tiene más de 330 millones de habitantes y un nivel de consumo que no se detiene. Lo interesante no es solo su tamaño, sino la amplitud de nichos: desde alimentos saludables hasta productos gourmet, desde tecnología aplicada hasta servicios digitales altamente especializados.
En ese escenario, Argentina cuenta con dos grandes fortalezas. Por un lado, una industria alimentaria madura, reconocida por su calidad y con productos que despiertan interés en el segmento premium estadounidense. Por el otro, un ecosistema de economía del conocimiento que crece incluso en contextos de crisis.
A esto se suma un factor que suele pasarse por alto: la comunidad latina, y dentro de ella la argentina, que crece año a año y que demanda productos culturales y alimenticios que remiten al país de origen. Desde yerba mate hasta alfajores, el consumo nostálgico se transformó en un puente comercial.
La ecuación se completa con un beneficio macroeconómico evidente: cada empresa que logra exportar al mercado estadounidense incorpora dólares genuinos a la economía argentina y reduce su dependencia del mercado interno.
A partir de experiencias propias, aprendizajes en terreno y casos acompañados, hay verdades que se repiten una y otra vez: 1. Conocer el mercado es el 50% del éxito.
Si querés abrir mercado, necesitás entender a tus competidores mejor de lo que te entendés a vos mismo: productos, precios, packaging, certificaciones, gastos promocionales, presencia en góndola.
2. El mercado es gigante… por eso hay que achicarlo.
No se exporta “a Estados Unidos”. Se exporta a un segmento, a un estado, a una comunidad, a un tipo de consumidor.
3. La propuesta de valor tiene que ser contundente.
En este mercado gana el que ofrece algo que se entienda en 5 segundos: ¿Qué tiene tu producto que no tenga otro? ¿Por qué debería elegirte un distribuidor? ¿Por qué un consumidor latino, argentino o estadounidense debería pagarte más?
4. Todos quieren entrar. Y eso cambia el juego.
Tus competidores no son solo locales; son globales. Es un mercado donde cada nicho ya está ocupado por alguien que lo quiere defender.
5. Entrar es mucho más fácil que mantenerse.
Estados Unidos es un país que da oportunidades, pero no segundas oportunidades.
6. El comprador mira rotación, no margen.
Este es un error gravísimo y muy común. Creemos que importa cuánto gana el distribuidor, pero su indicador sagrado es la velocidad de venta.
7. Viajar sin agenda es “hacer turismo comercial”.
En Norteamérica nadie improvisa reuniones. Si vas a buscar contactos, tenés que construir la agenda antes, no después.
8. Importancia de la capacidad productiva. En EE.UU. las oportunidades aparecen rápido… pero si no podés cumplir, se cierran más rápido todavía.
Es mejor llegar un mes más tarde que llegar sin estar listo.
El nuevo contexto político abre puertas, pero la estrategia sigue siendo la llave. El objetivo es claro: facilitar el comercio, profundizar la inversión, dar previsibilidad y eliminar barreras.
Un mejor contexto no reemplaza una buena estrategia.
Las empresas que hoy quieran aprovechar este momento necesitan tres cosas esenciales: investigación real, preparación técnica y construcción de presencia constante.
Estados Unidos premia la consistencia, la planificación y la claridad. Pero para las empresas que sepan leer este momento, la oportunidad es extraordinaria. Hoy, el mundo está comprando. Estados Unidos está abierto.
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