El Mundial de los jugadores, no de la Rosada

A pesar de las presiones, los jugadores de la Selección Argentina no se dejaron tentar con la política. Ni en Qatar, ni en Argentina. Porque Mauricio Macri, como presidente de la Fundación Fifa, no participó en la entrega de medallas ni tampoco pudo acercarse a la concentración durante la competencia. Y Alberto Fernández se quedó esperando la foto con Messi y compañía. Esta vez no hubo balcón como en 1986. El Mundial es de los jugadores, no de la Casa Rosada. No es muy difícil de entender.

 Si el plantel hubiera decidido participar en un acto oficial, también habría estado bien. Pero declinaron la invitación. Si no lo sentían, ni creían necesario tomarse la foto con el Presidente o asomarse en el balcón de la Rosada, la decisión resulta sensata y aplaudible. La Selección Argentina de fútbol es del pueblo, del país, de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), no del Estado y mucho menos del Gobierno. Cualquier decisión pasaba por los jugadores y así lo hicieron valer. Ya demasiada grieta hay en el país como para que los campeones del mundo se vieran enchastrados en ese debate que en ningún caso conduce al bienestar de la comunidad (y los hechos lo demuestran día tras día).

 Un día después de la fiesta popular más grande la historia argentina, el Congreso de la Nación no pudo sesionar por falta de quorum. Un par de semanas atrás se desató un escándalo con insultos y gestos obscenos. Casi se toman a golpes en la Cámara de Diputados. El oficialismo quiere aprobar la creación de nueve universidades y extender la moratoria jubilatoria; la oposición denuncia que sin pasar por labor parlamentaria incluyen en la sesión otros temas como ley de alquileres y humedales. 

 ¿Si la Selección fue un factor de unidad de los argentinos, por qué romperla con una dirigencia política que piensa más en sus propios intereses y mezquindades? Toda la clase política, toda, sin excepciones, se merece realmente que alguna vez les transmitan con total crudeza el disconformismo del pueblo argentino. Y así lo hicieron los jugadores con Macri y con Alberto. Y extensivo para todo el resto. La grieta es un negocio político que alimenta los sectores mayoritarios de la dirigencia, el pueblo demostró que le interesa mucho más los factores de unidad como la Selección Argentina. Por eso hubo cinco millones de personas en Buenos Aires y casi todo el país celebró el domingo en cada una de las plazas públicas.

 Para cambiar esta realidad, la clase dirigente deberá reflexionar sobre su propio andar y ofrecer en 2023 proyectos y políticas de mediano y largo plazo que permitan estabilizar la economía y generar expectativas a futuro para las actuales y venideras generaciones. Que esa ilusión que generó la Selección en este Mundial, sea la misma ilusión que sientan los estudiantes secundarios y universitarios respecto al futuro de su país. Y allí la dirigencia tiene una parte importante de responsabilidad, al igual que los distintos sectores empresariales, sindicales, sociales, educativos, culturales, etcétera. Hoy nadie ve el futuro más allá de llegar a fin de mes. Ningún país puede progresar con esa realidad.

 Llega el 2023, año electoral. En apenas una semana levantaremos la copas para celebrar la llegada de un nuevo año. Habrá elecciones casi todos los meses. Todas se leerán en clave nacional, teniendo en cuenta la proximidad de las presidenciales. Para los partidos, se trata de ganar. Para la población, votar y depositar esperanzas de un porvenir mejor. La clase dirigente lejos está de convocar al pueblo argentino como sí lo hizo la Selección. Por el contrario, la distancia es gigante. Solo un proyecto de país, con metas realizables y resultados en el mediano plazo, le podrá devolver a la ciudadanía la ilusión de un tiempo mejor.

 La política es una herramienta extraordinaria de transformación social, su mala utilización lleva al descrédito. Sino miren la polémica que armó Alberto con los feriados. Nadie entendió que quiso hacer. Un feriado para que el interior del país vea por televisión los festejos en Buenos Aires. Mucho menos se entiende que Larreta celebre la decisión de la Corte Suprema de otorgar más recursos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la más rica del país, cuando él mismo quiere ser candidato a presidente de todos los argentinos. En Navidad, levantemos la copa por la familia y la Selección, o por lo que deseen.

Y en Año Nuevo, levantemos la copa para que la dirigencia y el pueblo se reencuentren en un proyecto de país, que supere cualquier grieta y elecciones. A veces las ilusiones se materializan. Sino vean La Scalonetta.

Martín Alexis Alanis.

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