Una familia orgánica
En los últimos años, los consumidores han dado un importante giro hacia lo orgánico, lo sano y lo natural. Existe una familia que lleva años ofreciendo una alternativa realmente genuina, fundadora de “La Celina”, un vivero y huerta agroecológica ubicada en el barrio Portal del Sur.
En un terreno de dos hectáreas, Federico Martilotti y Ana Ramos trabajan incansablemente para llevar productos frescos a la mesa de alta calidad y cultivados sin el uso de químicos. La historia de este emprendimiento comienza hace más de dos décadas con Javier Martilotti, ingeniero agrónomo y empleado del INTA, quien impulsó el proyecto que más tarde continuó su hijo Federico tras recibir su propia formación en ingeniería agronómica. Ana se unió a Federico mientras estudiaba técnica agropecuaria, juntos formaron una familia y un proyecto con fuerte compromiso ambiental.
Ana recuerda con cariño sus inicios: "Conocí a mi marido en 2005 y ahí me presentó el lugar. Él ya venía trabajando en la actividad hortícola extensiva para entrar en el mercado de abasto. Luego, decidimos hacer nuestra casa aquí, en este barrio que se estaba poblando. Al principio no era propicio para una agricultura tradicional, así que se nos ocurrió reinventarnos y hacer agroecología".
Con la llegada de una conciencia ambiental que se oponía a prácticas agrícolas tradicionales, La Celina adoptó un enfoque basado en la ecología, donde no se utilizan herbicidas, insecticidas ni fertilizantes artificiales. “En la agrohuerta no se usan productos químicos, sino que nos basamos en la ecología natural”.
A lo largo de su amplia extensión, la huerta de La Celina se destaca por su diversidad. Diferentes especies de vegetales, con sus colores y olores característicos, se adaptan a la estacionalidad, ofreciendo una variedad de hortalizas y también flores comestibles, muy solicitadas en el sector gastronómico y de pastelería. La rotación de cultivos es una de sus prácticas más importantes, pues evita que las plagas se instalen y permite mantener una armonía natural en el ecosistema de la huerta, indicaron.
El uso de abonos orgánicos producidos a partir de guanos de caballo y oveja, y el desarrollo de su propia lombricomposta, son otros de los sellos distintivos de la producción de La Celina. “Descomponemos todo el material vegetal y tenemos lombrices californianas que regeneran todo. Hacemos humus, que también comercializamos”. Esto no solo proporciona un fertilizante a sus cultivos, sino que también crea un nicho de mercado para la venta del humus.
La familia no se limita a un solo tipo de cultivo; diversifican su producción para ofrecer más de 20 variedades de plantas. “Primero hacíamos los plantines para nuestra huerta y luego volcamos el excedente al público”, señalan. Comercializan su producción tanto en la huerta como en la Feria Franca de Villa María, donde llevan vendiendo sus productos durante más de ocho años.
En cuanto al futuro, la familia Martilotti Ramos tiene planes ambiciosos. “Queremos proveer no solo a verdulerías, sino también a comercios más grandes y supermercados, locales que se enfoquen en productos orgánicos”.
La colaboración con el sector gastronómico es clave en su propuesta, ya que muchos restaurantes locales son clientes regulares que aprecian la frescura e intensidad del sabor que ofrecen sus productos. En este contexto, Ana destaca la importancia de cumplir con las expectativas: “Cuando la gente ve nuestro producto, siente la seguridad alimentaria. Saben que lo que llevan a casa es fresco, seguro y sano”.
Entre los próximos pasos, la pareja también planea diversificar su producción incluyendo huevos agroecológicos. Hoy La Celina se ha convertido en un punto de referencia para aquellos que buscan alimentación sana y de calidad en Villa María y la región. De esta manera la familia Martilotti Ramos desarrolla una agricultura responsable, llevando hasta las mesas de sus clientes los mejores productos de su agrohuerta, cultivados con amor y respeto por la naturaleza.