Los primeros seis meses de Milei

El próximo lunes 10 de junio se cumplirán 6 meses desde la asunción del presidente liberal libertario, o anarco-capitalista como él mismo se define, Javier Milei. Una experiencia política-gubernamental inédita en la República Argentina. Tan inédita que todavía cuesta comprenderla en su magnitud. Quizás los libros de historia la entiendan mejor que las palabras en tiempo presente.

Para algunos, Milei es la expresión del hartazgo de una sociedad cansada de fracasos económicos. Una respuesta “a la casta” política que deterioró la calidad de vida de los argentinos con el paso de los años. Para otros, Milei es una expresión radicalizada de los poderes concentrados de la economía, con ideas políticas y económicas conservadoras que remiten a la Argentina pre-Ley Sáenz Peña.

Para algunos, es una especie de “mesías” que llegó para acabar con “los privilegios de la casta”. Incluso el propio Milei asume ese rol de salvador de la patria. Para otros, un fanático radicalizado que pone en peligro el sistema democrático atentando contra derechos consagrados en la Constitución Nacional y en la tradición política argentina. 

Milei, tal vez, es un poco de todo eso. Un personaje que se construyó con las excentricidades de la televisión, casi bizarro, despeinado y gritando barbaridades. Pero ese discurso, a partir de los desaguisados económicos de los últimos años, sobre todo tras la pandemia, penetró en vastos sectores sociales. De ser un personaje gracioso, poco serio, a convertirse en un actor clave en la política nacional. 

En 2021 fue electo diputado por la Ciudad de Buenos Aires, en 2023 Presidente de la Nación. Un salto vertiginoso, inédito. Sin ninguna experiencia en la función pública, sin un partido sólido que lo respalde ni dirigentes conocidos que lo sostengan. Milei solo Milei.

A partir de las redes sociales y una presencia constante en la televisión, fundamentalmente, Milei agigantó su figura durante el año pasado y aquel escenario de tres tercios que describió meses antes la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner finalmente se terminó concretando.

Una sociedad que dividía por tres sus preferencias electorales. Las Paso y la primera vuelta terminaron de conformar ese escenario de batalla final con este personaje que dejó de ser bizarro y se trasformó en un firme retador del peronismo. A pesar de la victoria de Sergio Massa en octubre, con más de 7 puntos de ventaja, el libertario cosechó todos los votos de Juntos por el Cambio y se alzó con una amplia victoria en el balotaje. Lo imposible fue realidad. 

Milei ganó y asumió hace 6 meses como se dijo en el inicio de esta columna. Un periodo de 180 días marcado “por una cirugía mayor”, como lo describió el actor Guillermo Francella, luego criticado por esta frase y por su apoyo al líder libertario. Lo cierto es que el ajuste fue y es feroz, en todos los sentidos. Un superávit fiscal conseguido en poco tiempo a fuerza de “motosierra” en todas las áreas del Estado nacional, desregulaciones y recortes por doquier, expulsión de trabajadores estatales, liberalización de precios y quita de subsidios. Incluso “sobrecumpliendo” las duras metas fiscales que el gobierno anterior había acordado con el FMI.

La contracara de este feroz ajuste es el argentino de a pie, el que se gana “el mango” todo los días para llevar un plato de comida a su casa. Aquel que con mucho esfuerzo junta la plata para el alquiler, los servicios, la comida. Esa “cirugía mayor” de la que habló Francella implica aumentos terribles de precios, caída del poder adquisitivo, pérdida de puestos laborales, aumento de la pobreza e indigencia. Milei adelantó que el primer año de su gestión sería el más difícil por el objetivo inicial de reordenar las cuentas públicas (la macroeconomía, en términos técnicos). Sin embargo, el hambre no espera y la recuperación se torna un objetivo cada vez más inmediato (la microeconomía, en términos técnicos). 

Por ahora, las encuestas expresan un buen nivel de adhesión a la figura de Milei; un poco menos si se le pregunta a la población por las medidas que tomó. Lo cierto es que ese hándicap, en política, no es para siempre y menos si los resultados no llegan. La paciencia tiene límites. El Gobierno puede argumentar que el Congreso Nacional aún no le aprobó la Ley Bases y el paquete fiscal, pero las medidas que tomó en seis meses con total crudeza no necesitaron de ninguna legislación nueva. Con DNU y resoluciones fue suficiente para cambiar el modelo económico. Sí se puede profundizar con leyes nuevas, pero el cambio ya lo consiguió.

Milei representa “esperanza” para muchos argentinos, “miedo” para otros. La grieta actual es Milei sí o Milei no, el kirchnerismo o antikirchnerismo ya pasó de moda por más que busquen reflotarlo analistas que solo ven amenazas de un solo lado. La sociedad hoy debate en torno a Milei. A favor, o en contra. Pero Milei domina la escena aún con sus excentricidades y sus diatribas. Ya pasaron 6 meses, todavía restan 3 años y medio.

Martín Alexis Alanis.

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