El segundo semestre

El segundo semestre nos habla de expectativas positivas que nunca terminan de concretarse en Argentina. Lo decía el macrismo durante su gestión y finalizó con una catarata de burlas y chicanas por los malos resultados en materia económica. El actual gobierno de Alberto Fernández no menciona la frase, claramente, aunque sí alimenta expectativas de mejoras para la segunda etapa del año.

En general, los últimos seis meses suelen ser menos inflacionarios respecto a los primeros. El grueso de aumentos en bienes y servicios sufrió fuertes reajustes entre marzo y junio, con valores record en tres décadas. Queda saber si los alimentos mantendrán también la misma inercia alcista en función de los incrementos en los commodities a nivel internacional. ¿Habrá suba de retenciones? Una posibilidad cierta.

El Gobierno confía en una desaceleración de precios y una recuperación progresiva del poder adquisitivo a medida que las paritarias se vayan completando. Los aumentos salariales escalonados tendrán una revisión en el último trimestre y se estima que el número final rondará (dependiendo la fuerza de cada sindicato) entre el 60 y el 70 por ciento.

La economía diaria, “la micro”, como dicen los especialistas, que se resume en el costo de bienes y servicios y en el poder de compra de los mismos, serán un elemento sustancial en las elecciones del año próximo. El Frente de Todos, pese a las internas propias del espacio, sabe que “no hay 2023” si los índices económicos no mejoran. Ya no es una cuestión de nombres o formas, se trata de dinero, tranquilidad y bienestar. Si la población, en un año vista, no percibe que sus ingresos hayan mejorado de manera significativa, difícilmente los números negativos que hoy muestran las encuestas para el Gobierno nacional puedan revertirse.

Sin embargo, y en materia política y de proyecciones, el oficialismo “celebra” la aparición de un tercero en discordia en la pelea por la presidencia, que justamente apunta al núcleo más duro de votantes de la oposición.

Si la economía representa hoy un problema, la política le puede señalar una oportunidad. El economista Javier Milei ronda el 20 por ciento de intención de voto (en algunas encuestas el porcentaje es mayor) y fractura el electorado opositor en dos espacios bien marcados: Juntos por el Cambio y Partido Libertario. Si el peronismo conserva el 30, 35 por ciento histórico de los sufragios se hablará de una Argentina de tres tercios para los comicios presidenciales. Ese escenario forma parte de cualquier análisis político serio en la actualidad, de derecha, de izquierda o de centro. La irrupción de un nuevo actor sacude la política nacional y desafía a los partidos tradicionales.

¿Por qué le conviene al Gobierno “un Milei”? Fundamentalmente, porque divide el voto opositor y le permite proyectar, si la economía mejora en 15 meses, el famoso 40 más 10. ¿Qué significa? Una vez resueltas las primarias de agosto, con los candidatos ya puestos por la ciudadanía, en la elección general de octubre el espacio político que logre alcanzar el 40 por ciento de los sufragios y saque un 10 por ciento de diferencia al segundo, automáticamente habrá ganado los comicios (similar a la primera vuelta en Colombia). Con una oposición fragmentada, quien puede aspirar a ganar en primera vuelta es el oficialismo. Su núcleo duro es del 33%, le faltarían 7 para lograr el objetivo. No es descabellado.

Por eso “los halcones” del macrismo plantean incorporar a Milei, ya que les daría una ventaja significativa respecto al oficialismo y evitaría la fuga del voto más conservador hacia los libertarios. Sin embargo, “las palomas” (el ala menos dura) defiende un proyecto de centro-derecha menos corrido al extremo ideológico como propone el economista ultraliberal y refuerza el acuerdo con el radicalismo y lilitos. El Frente de Todos festeja, por ahora, esa fragmentación. En lo numérico-electoral le puede ayudar, aunque si no se ayuda a sí mismo difícilmente pueda tomar la calculadora y sacar cuentas como lo hace un equipo que no gana partidos y que pelea el descenso.

Martin Alexis Alanis.

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