“El candidato es el equipo”

“El candidato es el equipo”

  La frase le corresponde a un actor de la política local con diálogo permanente con el intendente Martín Gill. ¿Qué significa? Que la apuesta del oficialismo para 2023 es revalorizar la gestión por encima de los nombres propios para competir en las municipales. ¿Traducción? No hay un candidato fuerte que mida en las encuestas y -por ende- la jugada sería mostrar unidad y gestión más allá de los integrantes de la lista.

 Gill no puede buscar la reelección (se lo impide la Carta Orgánica Municipal) y Eduardo Accastello no da señales que infieran un intento de regreso a la ciudad. Aunque nunca hay que descartarlo, ya que es el único dirigente justicialista con posibilidades reales de competir en las elecciones municipales con alta imagen e intención de voto. El resto no despega en las encuestas como para consolidar una candidatura un año antes. En efecto, la idea del oficialismo sería fortalecer una estrategia política que destaque la marcha de la gestión por encima de los nombres.

 Si bien Gill pidió esta semana dejar de pensar en elecciones, todos los dirigentes políticos lo hacen en el año pre-electoral. Hasta el propio Gill mencionó una decena de candidatos en una nota televisiva semanas atrás. A pesar del difícil contexto económico, con un Gobierno nacional que se quedó sin brújula, la política sigue imaginando escenarios que podrían configurar la pintura del 2023.

 El candidato del peronismo saldría por consenso, vía encuestas. El mejor posicionado sería el elegido para encabezar la boleta, tal cual sucedió días atrás en Marcos Juárez. Ese nombre necesitaría un fuerte apoyo de Gill y Accastello. Por ahora hay más de una docena de dirigentes en la consideración oficialista (los que mencionó el intendente y otros). Ninguno todavía tiene el consenso de todos los sectores y mucho menos el aval de la ciudadanía. Las encuestas muestran bajos números para todos. Por eso, la idea inicial sería plantear una estrategia ligada a la gestión más allá de aquellos hombres o mujeres con intenciones de ocupar el Sillón de Viñas.

 “El año que viene se van a inaugurar muchas obras. Y la gente valora mucho eso. Además Gill y Accastello tienen altos niveles de valoración, y si ambos levantan las dos manos del candidato o candidata lo posicionarán rápidamente”, sentenció esta fuente consultado por Claves Digital. 

 La política está lejos de ser una ciencia exacta. La estrategia de mostrar gestión es fundamental en cualquier oficialismo y si se evidencia públicamente unidad partidaria genera un “plus” interesante, no siempre fácil de conseguir (a nivel partidario, la unidad llegó en las listas en marzo y tanto el gillismo como el accastellismo bajaron la espuma de la interna). Pero no siempre suelen alcanzar estos factores. Hay contextos internos y externos que pueden trastocar la tesis original.

 Un punto clave será la fecha de las elecciones. “La lógica”, según esta fuente, sería que las municipales se desarrollen antes de las provinciales o nacionales para evitar el impacto de cualquier resultado adverso en un plano superior. Sin embargo, la transición sería demasiado larga hasta diciembre (en esta alternativa, las municipales deberían ser en abril o mayo). Además, según entienden en el oficialismo, la negociación con Provincia y Nación quedaría en manos del nuevo intendente más allá de la importancia estrategia de Gill y Accastello.

 Entonces, la intención sería convocar a elecciones en septiembre u octubre. En el medio de las primarias nacionales (tras las Paso y antes de las generales) y después de las provinciales. Si bien la jugada sería demasiado arriesgada, ya que un triunfo opositor a nivel provincial y nacional (si suceden, claro) bajaría con fuerza a la ciudad, en Mendoza y Sobral entienden que la oposición local no muestra signos de recuperación y el peso territorial del peronismo terminará por volcar la balanza para el oficialismo a pesar de lo que ocurra en otros estamentos. 

 “La oposición no tiene candidato, no muestra unidad y eso la gente lo sabe. Nosotros tenemos que mostrar gestión, unidad e inaugurar obras, es la clave para ganar”, señaló este funcionario. El oficialismo confía en su propia gestión más allá de los contextos externos. Hoy, con un Gobierno nacional en baja y con pocas respuestas económicas para enfrentar la coyuntura, abre en el peronismo un manto de expectativas. “¿Qué pasa si no hay arreglo en Córdoba y el peronismo se divide y esa división llega a Villa María?”, se preguntó. Es exactamente la misma hipótesis que hemos planteado en esta columna. Nada está cerrado, ni la unidad ni mucho menos el proyecto de los próximos cuatro años.

 El contexto nacional y provincial también pueden configurar el escenario local y más aún si las elecciones son en septiembre u octubre. Lo mismo le cabe a la oposición. Tal vez en Villa María se resuelvan los nombres propios, pero la estrategia para enfrentar el comicio llegará de otros estamentos o al menos con el consenso de otros dirigentes nacionales y provinciales. Todavía falta mucho y la urgencia es atender el momento, signado por la incertidumbre e imprevisión. Pero la política ya habla de los escenarios venideros, que configurará la Argentina 2023/ 2027.

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