31-07-2026
Política versus economía
Se viven tiempos extraños en Argentina, con evidentes contraposiciones entre la política y la economía. O, mejor dicho, entre la política-política y la política-económica. Si bien la economía real no termina de recuperarse, con fuertes caídas en áreas sensibles como comercio e industria, la macro muestras signos de estabilidad y buenas proyecciones.
La política disputa su propio partido y pone en jaque a un gobierno que lleva tranquilidad a los mercados internacionales, pero no a los ciudadanos argentinos. Incluso con tiros en los propios pies. El ejemplo más claro es Manuel Adorni: un jefe de gabinete contra las cuerdas, sin espalda política, totalmente desprestigiado por los supuestos casos de corrupción, sostenido por un presidente que no dimensiona el daño que le genera al propio gobierno libertario. Al cierre de esta columna continuaba en el cargo pese a las presiones de propios y ajenos.
Hasta medios especializados en economía ponen en lugar de relevancia el enriquecimiento de Adorni por sobre datos más que alentadores como la baja del Riesgo País (la menor en 8 años). También la inflación parece haber encontrado un curso descendiente. Analistas auguran que el incremento de los precios iniciará con el número uno en casi todos los meses. En consecuencia, el poder adquisitivo de la población se recuperaría levemente.
Del mismo modo, el Gobierno y las universidades acordaron actualizar salarios y partidas luego de dos años y medio de conflicto. El reclamo por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario continúa en la Justicia, empero al menos hay un acuerdo inicial para mejorar los debilitados ingresos de las casas de altos estudios. Es un sector muy fuerte, que ya lo demostró en las calles.
Estos aspectos positivos de la política económica, que proyecta un crecimiento de 3,5% hacia finales del 2026, choca fuertemente con los casos de corrupción que golpearon al gobierno de Javier Milei en los últimos tiempos.
Causas como coimas en Andis; o la estafa $Libra; o ahora Adorni, no hacen más que complicar la imagen de un gobierno que cayó significativamente en las encuestas a lo largo del primer semestre del año. Venía de ganar las elecciones de octubre con contundencia, pero el veranito político encontró un techo por graves errores propios, no por aciertos de la oposición (apenas da muestra de recuperación, lejos de convertirse aún en alternativa para el año próximo).
Tanto la situación actual como la imagen del gobierno nacional registra, dependiendo las encuestadoras, entre un 55 y 60% de negatividad. Es decir, un presidente que conserva su núcleo duro en torno a los 30 puntos, aunque perdió consideración en sectores independientes que en 2023 (en balotaje) y en 2025 (en legislativas) lo acompañaron en las urnas.
Es cierto que falta más de un año para las elecciones nacionales, primero las Paso y luego las generales; pero la mejora en los indicadores económicos (actuales y los proyectados para el segundo semestre) no logran cambiar la percepción de la mayoría de los argentinos. El activo principal de Milei es la economía, y los argentinos votan -en general- con el bolsillo. En el alza de los ingresos (léase salarios), encontrará un camino de recuperación política de cara al 2027.
La batalla política (y cultural) como le gusta decir al Presidente, no parece ser el camino apropiado para retomar la agenda y proyectar la política-política. A esta altura, con más de dos años en el gobierno, tiene que mostrar y demostrar resultados que alcancen a todos los sectores. Con el mercado no alcanza, nadie vota allí. Sí lo hacen obreros, comerciantes, industriales, maestros, estudiantes. Tampoco es significativo el número de empleo que generan los grandes ganadores de este modelo como son el agro, las mineras y las petroleras. Mueve la economía, no la aguja del trabajo asalariado.
Es cuestión de praxis política. La credibilidad del gobierno, por los sucesivos casos de corrupción y las interminables peleas internas, se encuentra por el piso. Para competir en 2027 debe apostar un pleno a la economía. No tiene otra alternativa si quiere permanecer cuatro años más en el poder. La oposición, sin hacer nada, ni mostrar un programa económico serio, moderno y confiable, se prepara para la disputa electoral con las debilidades del gobierno libertario como caballito de batalla. Ya arrancó el tiempo de descuento.