La cuestión es... ¿comer?
Juntarnos, reunirnos, vernos, charlar, contarnos cómo andamos, cómo están los tuyos, los míos y los otros, saber de vos y de ella, abrazarnos y sentirnos cerca. Disfrutar. Comer un asado, unos choris, un pollo al disco, un lechón, un cordero, un chivito, unos pescados, paella, empanadas, una picada, la especialidad de uno y de otro. He viajado unos cuantos kilómetros para comer unos canelones con familia o amigos, tallarines, bagna cauda. Cada encuentro es muestra de cómo la comida es protagonista, de cómo nos junta en torno a una mesa, para disfrutar. Sin embargo, ha avanzado y se ha transformado en el motivo principal, hasta convertirse en festín y en festival. Cada uno de esos platos que representan a regiones del mundo han ganado terreno y se convirtieron en motivo. Muestra fiel son las fiestas y feria de colectividades, desde Alta Gracia donde conviven los sabores del mundo, a General Deheza, Oliva, Arroyo Cabral y más allá. O siendo invitado indispensable de otras festividades, porque en los encuentros camperos donde aparecían las comidas típicas, de origen más criollo, se fue metiendo la pizza y después las hamburguesas, el sándwich de vacío y la bondiola de cerdo, las verduras asadas y más acá hasta el shawarma. Incluso en los carnavales o fiestas bailables, recitales, conciertos varios, una variedad de platos se disponen de la mano de los food trucks o en carpas diseñadas para el deleite gastronómico. En este punto vale mencionar el esfuerzo y esmero de quienes montan espacios decorados, equipados, cómodos, donde mantienen limpieza y cuidado en cada paso del proceso (Paréntesis para subrayar los cuidados obligatorios en la manipulación de alimentos, porque estamos hablando de salud, y sobre todo teniendo en cuenta un verano con casos de Enfermedades Transmitidas por los Alimentos -ETAs- fatales en nuestro país). Agreguemos que esta cuestión no eleva los costos, incluso ordena y nos cuidamos.
Párrafo seguido, es menester apuntar los precios: ¿Cómo pueden variar un 60% o 100% las pretensiones de un productor y de otro, partiendo de las mismas condiciones y para llegar a ofrecer un mismo plato? (No sólo pasa con el locro y en Villa María). Y si la invitación es a probar, a saciar esa avidez, hay organizadores que definieron porciones más pequeñas y precios más accesibles, incluso ayudando a la elaboración, a través de subsidio en la materia prima o facilitando la presencia y tarea de los gastronómicos. No vamos a debatir sobre los espectáculos en estos eventos, porque la mirada la ponemos en otro lugar.
La comida, en su conjunto y diversidad, nos lleva a viajar sin tener que trasladarnos tanto o marcando también el recorrido de nuestro viaje, con circuitos gastronómicos que emergen en la pampa y en la montaña, en lo urbano y en lo rural, en los clásicos y en los de otros mundos, por llamarlo de alguna manera, que se suman de la mano de profesionales, reconocidos o emergentes, aquellos que apuestan al mismo andar, además de los que llegan de la mano de turismos, de bodegas, de donde nazca una excusa que nos invite a disfrutar. Y en eso, la voluntad de los asistentes es más que valiosa, porque se disponen a probar, revela esa curiosidad que necesitaba esta motivación. Una oferta diseminada por la vasta geografía que pone a prueba cuánto estará preparado el sector para responder a esa demanda de quienes aspiran ser sorprendidos y hallar satisfacciones varias en cada encuentro, en cada juntada, en una fiesta, en un carnaval o una peña. Todas y todos queremos comer y disfrutar.