Alinear expectativas

Alinear expectativas

Para que la economía de un país funcione es muy importante que las expectativas de los distintos actores económicos estén alineadas con el gobierno de turno. Dicho de otra manera, que la visión de futuro que tenga cada uno de ellos sea una visión compartida. En nuestro país hace años que esto no sucede y la razón fundamental es la falta de credibilidad de la sociedad hacia sus gobernantes. Años de realizar anuncios que nunca se cumplen o promesas de campaña que cuando son gobierno, quedan en el olvido. La confianza en la gestión es un capital que se construye día a día. Para eso, los anuncios se deben traducir en hechos, en acciones llevadas adelante con coherencia y constancia.

El actual gobierno no está exento de esta situación, podemos dar varios ejemplos de visiones distintas ante una misma situación. El presupuesto de este año proyectó una inflación del 29% para 2021, sin embargo cuando la Universidad Di Tella o el Banco Central realizan encuestas sobre lo que piensa la gente o los analistas económicos, el resultado es una proyección de más del 45% de inflación para el año.

Los productores agropecuarios incrementaron la compra de insumos un 200% con respecto al año anterior. Es que aunque el Ministro de Economía Martín Guzmán anunció que la devaluación este año no va a superar el 25%, la gente del campo no le cree y compra todo lo que puede ahora.

El riesgo país no para de crecer aunque el año pasado se haya renegociado la deuda con los bonistas, es que en el mundo nadie piensa que Argentina podrá pagar sus obligaciones aunque las haya diferido en el tiempo.

Y podríamos seguir con más ejemplos de lo que nos sucede cotidianamente. Lamentablemente situaciones a las que ya estamos acostumbrados pero que son lapidarias para el futuro del país. Es imposible pensar en atraer inversiones de largo plazo o crecer sostenidamente en este contexto de absoluta falta de confianza.

Si esto no se revierte, seguiremos viviendo en un cortoplacismo decadente y generando más desocupación y pobreza. Esta diferencia de visión entre los gobernantes y la gente llevará tiempo cambiarla. Por eso el problema de la Argentina no es solo económico, es mucho más profundo y se debe enfocar en la necesidad de recomponer la relación entre representantes y representados.

Esta situación nos ha llevado a un nivel de decadencia que nos muestra problemas estructurales (pobreza, desocupación, etc.) difíciles de cambiar con las fórmulas de siempre. Se hace necesario un nuevo pacto social que sea la base de una nueva relación entre quienes vivimos en este país, un acuerdo serio y de largo plazo que solo tenga como destino inevitable  su cumplimiento.

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