Pruebas Aprender: ¿Cuáles son las prioridades?

  Esta semana se conocieron los datos de las pruebas Aprender realizadas por alumnos de sexto grado de todo el país en diciembre del año pasado. Los resultados fueron los esperables: bajó de manera significativa la comprensión de textos y en menor medida el aprendizaje de matemáticas. Después de una pandemia que obligó al cierre de las escuelas por casi dos años, las consecuencias en la aprehensión de saberes serían más que evidentes. Los números fueron publicados en diferentes portales, y son concluyentes. No es la intención de esta columna mostrar gráficos, cifras o estadísticas de estas pruebas, que dejan solamente una foto sobre la realidad educativa post Covid, sino hablar sobre las causas que derivan en estos resultados.

 Hemos visto a conductores de televisión o radio indignarse por este diagnóstico trazado a partir de las pruebas Aprender. Como si educarse solo fuera un acto per se, desligado de otras realidades. Por eso la pregunta inicial sobre las prioridades. El último informe del Indec dio cuenta de una pobreza infantil del 51,4%. Más de la mitad de los menores de 14 años son pobres, unos 5,5 millones de personas. ¿Por qué entonces la comprensión de textos debería arrojar resultados satisfactorios cuando ni siquiera están cubiertas las necesidades básicas?

 Es muy fácil tomar los datos de las pruebas y atacar livianamente al Gobierno nacional o cargar las tintas sobre el sistema educativo y los niños. La versión más simplista, sensacionalista y mal intencionada del análisis social. Reparar sobre las causas es ir más allá de lo evidente. Entre 2015 y 2019 la desinversión educativa fue una realidad incontrastable, el macrismo dejó incluso de entregar computadoras en un mundo hipertecnologizado. 

 La pandemia significó luego el golpe de gracia. Mostró las desigualdades entre los estratos sociales y el sector más postergado pagó las mayores consecuencias. Las escuelas cerraron y el aprendizaje a través de la virtualidad desnudó las diferencias en el acceso a la conectividad, bienes tecnológicos y metodologías de trabajo. No fue lo mismo la educación en pandemia para los alumnos de clases medias-altas, que para aquellos de clases medias-bajas. Las pruebas Aprender también expusieron esta realidad, 7 de cada 10 estudiantes de hogares vulnerables no comprenden un texto acorde a su edad y casi la misma proporción no puede resolver operaciones matemáticas sencillas. ¿Es su culpa? Claro que no.

 Si más de la mitad no puede cubrir sus necesidades básicas (alimentación, vestimenta, calzados), ¿por qué la educación debería arrojaron otros resultados? ¿Qué está primero? ¿Comer, vestirse o estudiar? Y más en pandemia, donde ni siquiera la presencialidad escolar permitió compensar esas necesidades básicas con un aprendizaje directo entre el alumno y el docente. 

 La tecnología no acercó ni mantuvo ese vínculo, por el contrario, lo alejó. ¿Cuál es la política pública que trascendió los gobiernos en Córdoba? El Paicor. ¿Los chicos deberían comer en la escuela? No. Lo deberían hacer en sus casas con sus padres y/o familiares. Entonces, si la pobreza infantil supera el 50%, ¿por qué la educación debería ser una prioridad en este contexto para aquellos que atraviesan esta situación diaria?

 Si bien en Córdoba los resultados mostraron niveles superiores a la media nacional en materias como Matemática y Lengua, el impacto de la pandemia y la crisis económica también se notó en los rendimientos de los estudiantes cordobeses. En Matemática, Córdoba tuvo niveles de desempeño Avanzado/Satisfactorio del 68.2% frente al 54,8% del promedio nacional; mientras que en Lengua la provincia alcanzó el 66.3% de Avanzado/ Satisfactorio frente al 56% del total nacional. El resto de los porcentajes, hasta completar el 100%, corresponden a categorías Básico/Por debajo del nivel básico.

 En efecto, poco más del 30% de los alumnos cordobeses tuvo dificultades en las materias centrales del nivel primario. En la Nación casi la mitad. ¿Es un problema educativo? En algún porcentaje importante, tal vez sí, más aún en pandemia. Y seguramente el propio sistema conoce las falencias y las maneras de resolverlas con el tiempo. Ahora, desconocer el impacto de la desinversión y la pandemia en los resultados serían taparse un ojo para ver una partecita de la realidad. 

 Los números de la pobreza e indigencia son contundentes en la Argentina, la inflación golpea fuertemente el poder adquisitivo de la población y el empleo informal alcanza niveles históricos. La recuperación económica de los últimos meses no cubre la pérdida de los últimos 6 años. No les pidamos a los niños, sumidos grandes partes en la pobreza, que muestren resultados satisfactorios cuando ni siquiera pueden cubrir sus necesidades básicas. Con alimentación, vestimenta, calefacción, trabajo digno para sus padres, viviendas y demás derechos consagrados en la Constitución Nacional la exigencia sería otra. No hay que nivelar para abajo, por supuesto, la educación tiene sus propias dificultades pero no lo puede resolver todo. Lo primero es mejorar la calidad de vida de la población, fundamentalmente de los más chicos, y luego demandar mejores pruebas. Es el gran desafío en este Siglo XXI, que haya igualdad de oportunidades. La educación es la herramienta, aunque lo primero es lo primero. 

Martin Alexis Alanis.

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