¿Cuánto valen las cosas?

¿Cuánto valen las cosas?

 ¿Quién puede decir hoy en la Argentina cuánto valen las cosas? ¿Alguien honestamente puede señalar cuál es el precio de la harina, el azúcar, la yerba, el aceite, los fideos? ¿Alguien sabe cuánto vale un electrodoméstico, una computadora o un celular? ¿Alguien puede indicar el costo de la ropa, calzados, útiles escolares?

 Es tal el descontrol de precios que ningún argentino con honestidad intelectual puede afirmar con certeza el valor de los bienes y servicios que consume diariamente la sociedad. La inflación de los últimos 4 años, al menos, pulverizó el poder adquisitivo de los asalariados –formales e informales- y desajustó los valores de todos los productos, sea de primera necesidad o aquellos que no lo son. No se salvó nada. 

 Hoy en los canales de televisión y programas de radio no se habla de otra cosa que el gravísimo problema inflacionario. Tampoco se oye de otros temas en la calle. La plata no alcanza y la estampida de precios de las últimas semanas puso al Gobierno en jaque. La imagen del Presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández, hoy en caminos opuestos dentro del mismo oficialismo, no para de caer mes a mes en los sondeos. Apenas superan el 30% de aprobación, frente al 65% de desaprobación.

 Como decíamos en la columna anterior, la mejora en los índices de la construcción, industrial y agrícola, más el acuerdo con los organismos internacionales (esta semana con el Club de Paris), no termina de impactar en la economía real. Sí, hay más trabajo, la rueda económica gira más respecto al 2019 (último año del macrismo), pero el asalariado común no lo siente en sus bolsillos. El movimiento de precios es constante. Los empresarios pequeños y medianos tampoco pueden planificar el futuro mediato. Sin una desescalada de precios, la organización de la economía familiar y empresarial resulta una quimera.

 A esta altura cabe preguntarse si el problema económico radica más en la economía per se o en la política. ¿Qué incide más en los índices inflacionarios, la especulación de los formadores de precios o la ineficacia de las políticas antinflacionarias? ¿Cuánto impacta la fragmentación que evidencia hoy el Frente de Todos? ¿Cómo un gobierno puede transitar aun 21 meses de gestión con sus dos principales socios en veredas opuestas?

 Si bien Alberto Fernández dijo que no romperá la unidad y ya anticipó que en 2023 el oficialismo enfrentará una primaria abierta, al ciudadano poco le importa el escenario electoral si mes a mes el dinero le alcanza para menos. ¿Y Cristina? Aun no habló con palabras, pero lo hizo con múltiples gestos. El kirchnerismo duro también dice que no romperá la unidad aunque advierte que peleará la primaria el año próximo para desplazar a Alberto Fernández. ¿Luego le alcanzará para ganar la elección presidencial?

 Cualquiera de los sectores del Frente de Todos que quiera revalidar en las urnas el año próximo tendrá que, en primer lugar, colaborar en mejorar la actual gestión. El oficialismo gana las elecciones con gestión, la oposición por la mala gestión de los oficialistas. No hay demasiada ciencia. Hoy Juntos por el Cambio se muestra más competitivo en las encuestas, pero la foto de marzo de 2022 jamás podrá ser igual a la foto de octubre de 2023, cuando se celebre el comicio nacional.

 El impacto inflacionario también golpea a Villa María y alrededores. Los comerciantes señalan que las listas de precios vienen con renovaciones diarias o semanales. No es sano en ninguna economía del mundo. Las medidas a medias anunciadas por el Gobierno buscarán tener un efecto en las próximas semanas, al menos para que las metas acordadas con el FMI y ratificadas por el Congreso de la Nación puedan ser cumplidas. Para este 2022, el máximo fijado es de 48%, aunque con porcentajes de 5% mensual ese número se convierte en improbable.

 En esta columna hablamos de manera habitual de política, pero en las últimas dos combinamos política y economía. Resulta difícil pensar en presentes o futuros escenarios electorales con una inflación descontrolada. No obstante, hay movimientos políticos en la provincia y la ciudad. Este tema será objeto de las próximas opiniones. El análisis político siempre debe estar ajustado al interés de la ciudadanía, sus preocupaciones o demandas, nunca de la clase política que vive en su propio universo paralelo.   

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