Gill: ¿diputado o intendente?

Gill: ¿diputado o intendente?

 Llegó la primera definición política en la ciudad de cara a las elecciones generales de noviembre. El accastellismo, a través de sus concejales Juan Carlos Cladera y Daniel López, anunciaron públicamente que no apoyarán una nueva prórroga de licencia si así lo solicita Martín Gill en diciembre ante el Concejo Deliberante. Por ende, hay dos escenarios posibles para el actual secretario de Obras Públicas de la Nación: o asume la banca como diputado o vuelve a la intendencia de Villa María. No hay más caminos posibles.

 La novedad tiene varios puntos de análisis. Primero, el cambio de postura del accastellismo. En cuatro ocasiones, los mismos ediles avalaron la licencia. Ahora sostienen que Gill no está en esa condición para ejercer un cargo nacional, sino para ser candidato a diputado por el kirchnerismo. “En Somos entendemos que la última licencia fue para ocupar el cargo de Obras Públicas, pero hoy está en otra función, es candidato a diputado. Creemos que se desvirtuó la esencia de su trabajo. Hay que recuperar la institucionalidad de la ciudad, eso reclaman los vecinos”, aseguró López ante los medios.

 Por negociaciones entre el Gobierno nacional y provincial, los concejales accastellistas debieron apoyar cada pedido de licencia a pesar de no estar de acuerdo con la polémica iniciativa que claramente contraría la Carta Orgánica Municipal. Pero ahora, con el schiarettismo y el kirchnerismo cada vez más alejados políticamente, anunciaron esta definición dos meses antes de que pueda debatirse en el Concejo, si Gill la demandara como en las ocasiones anteriores. Vale recordar, además, que el referente del espacio, Eduardo Accastello, también está de licencia en la Unicameral. Dejó la banca para ocupar el Ministerio de Industria, Comercio y Minería en diciembre de 2019.

  En segundo lugar, esta definición del accastellismo deja a Gill en una gran encerrona en el inicio de la segunda parte de la campaña electoral. Sin los votos de Cladera y López, no tendría manera de alcanzar una simple mayoría para obtener otra licencia. Incluso la dificultad podría ser aun mayor si los ediles Carlos De Falco y Julio Oyola (que se sumaron al schiarettismo en las semanas previas a las Paso) se manifiestan en el mismo sentido. Solo tres concejalas responden hoy al intendente en uso de licencia y primer candidato a diputado del Frente de Todos: Claudia Arias, Verónica Vivó y Paula Miozzo. En el peor de los escenarios para Gill, el resultado de un eventual pedido de licencia podría ser 9 a 3 en contra. 

 Sin embargo, ante un escenario adverso en el cuerpo legislativo, la definición sobre el futuro del actual secretario de Obras Públicas se tomaría antes, sin necesidad de contar con el aval de los concejales. Y aquí hay dos caminos posibles, como decíamos al inicio de esta opinión política: si asume como diputado nacional (cargo que alcanzará en las elecciones generales con obtener los mismos números, o incluso un poco menos, respecto a las Paso) deberá presentar la renuncia a la intendencia y así se abrirá un proceso electoral municipal para los primeros meses del año 2022. Si, en cambio, decide volver al Sillón de Viñas y concluir el mandato hasta diciembre de 2023, su actual candidatura a legislador nacional es meramente testimonial. 

 Ambas decisiones tienen consecuencias desde lo político y lo institucional. Si renuncia a la intendencia, en marzo-abril los villamarienses volverían a las urnas para elegir un único cargo (intendente) para completar el periodo hasta 2023. Si renuncia a su banca de diputado, en caso se conseguirla, su postulación en la presente elección es meramente testimonial, es decir, se presentará para competir en un cargo que nunca asumirá. 

 “Si no le dan la licencia, vuelve a la intendencia”, repiten fuentes municipales. Por ende, el segundo de los escenarios es el más probable. ¿Y la voluntad popular? ¿Dónde queda? Ese aspecto tan fundamental de la democracia pareciera que con el paso del tiempo se devalúa más que el peso argentino. Formar parte de listas para luego ocupar otros cargos es moneda corriente en todos los partidos políticos, solo que se nota un poco más cuando la práctica la renuevan aquellos que encabezan las listas.

 Para la segunda instancia de la campaña, el accastellismo se guardó esta carta para jugarla un mes antes de las elecciones. La pregunta obligara a Gill a ensayar una respuesta, que no tiene más que dos caminos: diputado o intendente. Cualquier otra definición solamente serán palabras lanzadas al viento.

 Ambos espacios del peronismo local siguen jugando su propio partido, mientras que la oposición saca la mejor tajada y aspira a superar el 50% de los votos el 14 de noviembre. Esta semana se mostraron unidos en el Teatro Verdi en el marco de la visita de todos los candidatos.

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