Microplásticos: un macro problema silencioso

Si para el cambio climático los plásticos son uno de los factores desencadenantes, la presencia de Microplásticos en lugares inhóspitos como la Antártida, o incluso en tejidos humanos, son el verdadero fondo de la cuestión. Las investigaciones actuales apuntan a determinar cuál es el nivel de daño que provocan y las posibles soluciones para erradicarlos, siempre y cuando la preocupación social apunte a comprometerse para frenar el daño ambiental.

Los microplásticos son, como lo indica su nombre, material plástico con un tamaño inferior a 5 milímetros que pueden fabricarse con esas dimensiones o generarse por fragmentación y degradación de otros artículos plásticos más grandes. Están los que son invisibles al ojo humano, denominados nanoplásticos, cuyo tamaño ronda en 0.0001 milímetros. 

Su morfología particulada hace difícil la observación y detección para extraerlos de los recursos naturales. A su vez, tales dimensiones les permitieron alcanzar todas las latitudes del ecosistema global, incluso ingresar a los organismos vivos al confundirlos con alimentos. 

El manejo inadecuado de los desechos plásticos ha provocado su acumulación y consecuente contaminación de los ambientes de agua dulce y marinos. Hace 40 años, biólogos marinos detectaron restos plásticos en el estómago de aves marinas; hoy ya se demostró su presencia en los pingüinos antárticos y en múltiples especies marinas. Esto da señal que, incluso en zonas donde la actividad antrópica es mínima, el transporte de los microplásticos por aire y agua le ha permitido alcanzar la amplitud geográfica actual.

En la misma línea, investigadores holandeses hallaron trozos minúsculos de plásticos en el torrente sanguíneo humano, en 17 de 22 muestras de sangre de voluntarios. Las partículas más observadas fueron de polietileno, utilizado para las botellas de bebidas y envases de alimentos. Mismos resultados se demostraron en la leche materna, a partir de un estudio italiano que analizó a 34 madres. Así también, en 2018 hallazgos similares se detectaron en muestras de heces humanas.

Resulta evidente que las personas están expuestas a los micro y nanoplásticos, sea por inhalación o ingestión. El polímero se encuentra en muchos alimentos: sal, cerveza, hortalizas e incluso en el agua potable. Aunque la evidencia científica actual, sobre cuán riesgoso es para la salud la ingesta de este material, es limitada, también se debe tener presente que los microplásticos contienen aditivos utilizados en su producción, que al llegar al agua se transforman en lixiviados; es decir un combo de sustancias químicas perjudiciales para la salud de todos los ecosistemas y de quienes lo integran.

Desde hace varios años, la necesidad de frenar este circuito contaminante impulsó numerosos proyectos para avanzar más rápido que la contaminación generada. Entre las múltiples e ingeniosas ideas se destaca un prototipo diseñado por investigadores de Corea del Sur, que consiste en un filtro purificador creado a partir de un polímero muy poroso a los microplásticos, que al unirse a un grupo funcional hidroxilo absorbe el 99% de los residuos plásticos en un lapso de diez segundos. 

Otro de los proyectos que ya se está aplicando es el Enviro Buggy, creado por un grupo conservacionista de Sudáfrica. Consiste en un pequeño carro autopropulsado a batería, que funciona como aspiradora ambiental, para limpiar plástico y material no biodegradable de playas, plazas y espacios públicos. Los residuos se succionan a un contenedor que filtra los materiales mediante un tamiz, y luego se libera arena o agua abriendo la parte inferior del contenedor.

La startup española Captoplastic desarrolló una técnica de aglomeración selectiva para tratar el agua de plantas depuradoras, evitando que la basura llegue al mar. Mediante la aplicación de un aglomerante, que no altera las propiedades físico-químicas del agua, los microplásticos se aglutinan y separan completamente del agua. Una vez extraídos, se pueden separar y reutilizar en un modelo de economía circular; mientras que el aglomerante se recicla para continuar limpiando nuevos cuerpos de agua.

Las evidencias científicas demuestran el grado de avance alcanzado por los microplásticos; al punto de estar presentes dentro de nuestra fisiología. El daño que provocan no está del todo aclarado, pero naturalmente, no aportan a la biología natural de los sistemas vivos. Mientras tanto, la preocupación social debe ser el sostén de la conciencia colectiva que ponga un freno al consumo de este material no biodegradable.

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